Endeudarse o cerrar, el reto de una taquería en Izcalli

Para Francisco Juárez, los diez años que lleva dedicado a la venta de tacos y chilaquiles se pueden perder en tres meses ya que las ventas de su negocio han caído aproximadamente en un 85% y la renta del local ubicado en la colonia Santa Rosa de Lima, debe pagarse.

Junto a su esposa e hijas, emprendió la Taquería y Chilaquiles “La Cabaña”, lugar muy conocido tanto por los vecinos como por aquellos estudiantes y docentes de la Universidad de Cuautitlán Izcalli.

Desde el inicio de la pandemia por el COVID-19, todo cambió. Los jóvenes de la universidad dejaron de llegar para pedir las tradicionales tortas de chilaquiles con bistec o campechanas y lo vendido en marzo y abril no alcanzó para pagar la renta de 4 mil pesos mensuales por utilizar el local, tuvieron que echar mano del depósito y de unos ahorros para cumplir con el compromiso.

“Para la renta, en este mes por ahí tenemos todavía una feriecilla, pero ya para la otra ya estoy pensando en sacar una tarjeta de crédito para seguir, para aguantar otro mes y a ver qué pedo. Ya si eso no funciona… ya me voy ¿Qué hago?”, comentó al tiempo que despachaba a una pareja.

Espera que la contingencia no se extienda por que incluso los insumos han incrementado de precio, por ejemplo, la carne antes de la pandemia la compraba en 100 pesos y ahora son 140 por kilo; y para no perder clientes los precios los ha mantenido.  

Las mesas y sillas del establecimiento localizado sobre la Avenida Santa Rosa se encuentran replegadas. Dejó solo dos mesas afuera y los envases de refresco para que la clientela vea que están abiertos y colocó en un letrero que advierte que la venta es solo para llevar.

Ante esto, explicó que aún hay clientes que le han pedido autorización para consumir ahí, sin embargo, acatando las recomendaciones de salud y por precaución para no ser sancionado, no lo permite y eso ha causado molestia de algunos comensales.

La venta a domicilio no es opción, ya que representaría un gasto más por concepto de sueldo, gasolina y seguro del repartidor.

“Yo decía, pues me voy a comprar una moto, la pagamos a crédito, pero es un pedo, tienes que asegurar al que la trae. Además, es muy poca la gente que te va a pedir, la mayoría están en sus casas, entonces lo que hacen es ahorrar y preparar comida que les alcance para toda la familia. Mejor lo poquito que va saliendo lo voy comiendo”, relató don Francisco Juárez.

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